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La Naturaleza es Buena



El Awen que canto lo llevo en mi interior, fluye como un río, conozco su extensión; sé cuándo desaparece, sé cuándo se llena, sé cuándo se desborda, sé cuándo se derrama.

Cuenta Una vieja leyenda celta que en un tiempo y en algún lugar, existió un día, un sabio diálogo entre un pequeño jabatillo y los espíritus sagrados del lugar, donde el pequeño hijo de druidas iba a jugar siempre con otros jabatillos.

Era en ese hermoso bosquecillo encantado, donde también estaban reunidos los siete árboles sagrados con los cuales jugaban a esconderse y divertirse, lo habitual en los niños de esa edad.

Nadie sabe cómo, ni quién ni cuando pudo escuchar ese diálogo y mantenerlo hasta nuestros tiempos pero lo que si es cierto es que todavía hoy nos maravilla por su gran sabiduría.

Estaban, como cada día, los jabatillos jugando en su bosque preferido y de repente uno de ellos vio una águila volar muy bajo y que se posaba en las ramas de un gran roble, entonces el niño empujado por su curiosidad se desvió del resto del grupo y se fue directo al árbol donde se encontraba el águila y cuando llegó allí, la miró fijamente y le preguntó:

¿Por qué tú puedes volar de esta forma tan espectacular y yo no?

El águila que estaba observándole, como si le estuviera esperando, no le contestó. Un silencio mágico obtuvo por respuesta, pero como el niño era muy tenaz preguntó de nuevo:

¿Puedes decirme por qué tú puedes volar de esta forma tan espectacular y yo no?

Unos segundos después (casi asustando al niño) se oyó desde el fondo del bosque la voz del abedul que le contestaba:

El ser humano, que no deja de ser una especie más de las que pueblan esta preciada aunque despreciada a la vez, madre tierra, no puede desvincularse de según que propiedades que anidan de forma natural en otras especies como es la de volar. Tu cuerpo no es el de un ser alado pero al contrario de lo que parece tu también puedes elevarte incluso mas que dichos seres, si realmente buscas el águila que hay en ti, la cual te permitirá ver desde lo mas alto, ofreciéndote así claridad y objetividad de espíritu necesarios para la toma de decisiones y en la búsqueda de las prioridades.

El jabatillo asombrado por la respuesta, pensó que si hacía otra pregunta, a lo mejor obtendría otra respuesta y como un buen futuro osado druida, preguntó de nuevo:

¿Entonces si hay un águila en mí, cómo puedo encontrarla sino puedo ver ni tus alas, ya que solo veo mis pequeños brazos por mucho que me esmere?

Al instante oyó de nuevo la voz que salía del fondo del bosque pero esta vez tenía un tono distinto al anterior, pues quién le respondía era el castaño:

El águila desde nuestros ancestros ha sido, es y seguirá siendo un ser especial. Esta en todas las tradiciones celtas, considerada como un poder mágico, su vista te perfora. Es un aliado indispensable, sobre todo cuando nos adentramos en terrenos desconocidos ya que ella es la que más ve, pues es la que vuela más alto.

Si observas bien el águila y sus virtudes, medio camino recorrido tendrás.

De forma inconsciente, el niño salió disparado y se acercó todo lo que pudo para ver al águila lo más cerca posible. Observó con atención sus grandes alas, su enorme pico, su bello plumaje de tonos marrones y por ultimo sus garras, viendo curiosamente que tenía tan solo tres dedos en cada pata. Después se empeñó en buscar en su cuerpo lo que delatara una similitud, por muy pequeña que fuese.

Pero su decepción fue tal al ver que no había ningún signo que se pareciese ni por casualidad, que desilusionado y enfadado a la vez, se fue directamente con su vista clavada en el águila y le preguntó de nuevo:

Te he observado, minuciosamente y no tengo ningún parecido contigo, entonces ¿Te estás riendo de mí?

De nuevo se oyó la voz de un árbol, en esta ocasión fue la haya quién le respondió:

El ser humano está tan condicionado a su pobre altura terrestre que no sabe como poder el vuelo del águila alcanzar. Has hecho lo correcto pero eso no significa que sea la respuesta a tu pregunta, es un buen comienzo pues pata de oca son tres.

Después de esta respuesta el niño se quedó un poco sorprendido y su atención se desvió cuando oyó el ruido del águila que salía veloz hacia el fondo del bosque, fue entonces cuando le gritó: Espera no te vayas todavía tengo más preguntas que hacerte, pero solo el silencio le respondió.

A los pocos días, después de estudiar y preguntar a los sabios druidas, pudo el niño obtener la siguiente información:

El águila representa un estado de gracia que se alcanza mediante el trabajo, la comprensión y el cumplimiento de las pruebas de iniciación que resultan de recuperar nuestro poder personal.

El niño pensó que con esta información podría ya empezar a saber como volar y seguro de si mismo se fue directamente al árbol dónde estuvo hace unos días.

Cual fue su sorpresa al ver que el águila le estaba esperando y que antes de preguntarle nada, se escuchó la voz del manzano que le decía:

Si has sabido rodearte de sabios consejos, algunas dudas se te habrán disipado pero recuerda que el mejor descubrimiento ningún sabio lo podrá hacer por ti.

El niño sorprendido por la respuesta del árbol sin que él hubiera preguntado nada hizo que su pregunta fuese aún más directa:

Está bien, debo reconocer que no sé cómo pero ya sabes lo que he estado haciendo esos días pero a ver si puedes responder a mi pregunta esta vez (el tono del pequeño era desafiante, estaba sorprendido y enfadado a la vez.)

¿Qué tiene que ver la pata de una oca con la pata del águila y aún más, con poder yo volar?

La respuesta del olmo no se hizo esperar:

Aparentemente nada pero en realidad todo. La pata de oca y las garras del águila son tres. Ya tenemos un parecido. Tres son los gritos de la luz, ya tenemos otro parecido. Águila y oca son seres alados que pueden volar, ya tenemos otro parecido.

¿Qué tiene que ver todo ello con que tu también puedas volar? Eso es lo que tú tienes que descubrir, yo no puedo volar por ti.

El niño se empezaba a cansar de tanto jeroglífico pero le gustaban los retos y su osadía llegaría aún más lejos, y preguntó de nuevo:

Está bien, voy entendiendo que a lo mejor lo de volar no será un ejercicio físico posible para mí, es posible que el vuelo sea a través de algo que hay en mí y debo activar pero, tengo una pregunta para ti.

¿Los rayos de los tres gritos de la luz también pueden iluminar la tierra y de ser así, también pueden iluminar a los seres que la habitamos?

Esta vez la voz del árbol muy cercano a el, un pino, le respondió:

Los tres gritos de la luz, tres son, tal y como las garras del águila, están presentes en cada alma de cada ser vivo dispuestos a iluminar siempre sus terrenales vidas. Si tu fomentas la justicia, la verdad y el amor, tu alma se elevará y podrás así volar de forma magistral junto con el águila.

Después de toda la información que el jabatillo logró reunir, lleno de osadía y pureza a la vez, todavía le quedaba una pregunta en el tintero y decidió sacarla preguntando de nuevo lo siguiente (solo buscaba la confirmación a su conclusión):

¿Crees que a partir de ahora, con todo lo que ya sé, ya podré volar como tu?

Un voz firme se alzó en seguida y le respondió de forma tan magistral como el mismísimo vuelo del águila. Diciéndole:

Águila te recuerda de tu conexión con el gran espíritu. Te avisa de que el universo te está prestando la oportunidad de volar por encima de los niveles mundanos de tu vida, o por encima de la sombra de realidades pasadas.

Águila te enseña a mirar alto para tocar al abuelo sol con tu corazón, a amar la sombra tanto como la luz. Águila te pide que te des el permiso de libertad, para alcanzar la alegría que tu corazón desea.

El pequeño aprendiz de druida ni tiempo tuvo de reaccionar con la respuesta recibida ya que, de forma fugaz, el águila desapareció del árbol y se adentró en las profundidades del bosque. El niño entendió que la conversación había terminado, con lo cual, retornó caminando lentamente en busca de los demás niños, era hora ya de regresar a casa, pero en la mente del jabatillo todavía se encontraba otra duda que invadía su mente: ¿Quién me contestó la última pregunta, fue el águila o quizás ese gran roble que le arropaba?

Sólo él podría responder a su propia pregunta con el paso de los años, solo entonces sabría realmente quién había sido el protagonista de su respuesta.



Nota: Con el paso del tiempo, ese jabatillo preguntón fue un gran druida de su tiempo, por su gran tenacidad por saber.

“IGNORANTE ES AQUÉL QUE NO PREGUNTA”

Josep Dumannios de 4581
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